Ser adulto es difícil aún cuando sigues siendo niño.

Ser adulto es difícil, si no te lo han dicho pues… recuérdalo, ser adulto es difícil.

Sí, esa es mi premisa, y no lo tomes como una queja porque en realidad es una pequeña reflexión.

Tengo 22 años, no pago renta, no me falta comida; en realidad no me puedo quejar de como vivo, pero ser adulto es difícil. Estoy a nada de graduarme y no sé qué esperar del futuro, ¿qué viene después? ¿a dónde voy a parar? ¿qué oportunidades tengo? Son preguntas que sólo el tiempo va a responder y no me encanta esperar. Pero no hay de otra y quizás eso sea bueno, sería muy aburrido saber qué va a pasar siempre; dónde quedaría la emoción, la sorpresa. Lo único que queda es ser paciente y disfrutar el recorrido, al final dicen que eso es lo que en realidad cuenta, el recorrido, el camino hacia esos eventos importantes de tu vida. Ser adulto no suena tan mal, ¿verdad? Pues no, nunca dije que fuera malo o aburrido, sólo es difícil, y lo es gracias a algo que se llama “decisiones”. Esos momentos en los que tenemos que escoger A o B, a veces complicadas y a veces sencillas, a simple vista. Porque por más sencilla que una decisión parezca siempre va a tener consecuencias relevantes, buenas o malas, en el futuro. Si todo sale bien pues muchas felicidades, y si no pues ya depende de ti, puedes lamentarte o aprender de ello y seguir aprendiendo, sacar lo mejor de la situación. Al final del día siempre vas a llegar a alguna parte porque así es la vida. Y ser adulto es difícil, no olvidemos eso.

Hoy estoy en dónde estoy gracias a las decisiones que he tomado a lo largo de mi corta vida, buenas o malas aquí estoy. Siempre quise ser muchas cosas, desde los clásicos sueños de niño pequeño como bombero o astronauta, hasta pensamientos un poco más maduros como ser abogado o chef. Lo último que recuerdo querer estudiar fue medicina, pero eso quedó descartado después de que en bachillerato me diera cuenta de que no soy muy bueno para ver sangre o heridas o cualquier cosa dentro del cuerpo humano. Después de eso entré al área de humanidades esperando lo mejor del futuro, probablemente esperaba agarrar gusto por las leyes y entrar a estudiar derecho. Entonces terminando mi preparatoria no sabía que hacer, estudiar derecho no era una idea que me encantara y no sabía que otra cosa hacer. Al final, por una cosa u otra, terminé inscrito en la carrera de mercadotecnia, una opción que me resultó interesante y prometedora. Ya estando en la carrera me di cuenta de que me gustaba, despertó mi interés y me motivó a querer saber más del tema. Tal vez no elegí la mejor escuela para estudiar mercadotecnia, pero afortunadamente elegí una carrera interesante. Aun así, ser adulto es difícil.

Y aquí estoy, 4 años y medio después, terminando mis prácticas profesionales. Al principio estaba un poco nervioso pues no sabía que esperar, ya había trabajado antes en una agencia de mercadotecnia, pero aquella vez estaba con un amigo de la escuela y tiempo después otra amiga entró. Esta vez estaba por mi cuenta, no conocía a nadie y no sabía que esperar. Normalmente no soy la mejor persona socializando y menos con personas que de la nada llegan. Uno podría esperar muchas cosas, va a ser un ambiente de trabajo equis, va a ser tedioso, incluso incómodo. ¿Qué es lo que voy a hacer? ¿Van a apreciar mi trabajo? ¿Sólo voy a sacar copias? Pues entré, mis prácticas empezaron y todo fue de bien a mejor. El trabajó me gustó, las personas me cayeron muy bien y el ambiente fue lo que más disfruté. Durante mi estadía aprendí muchas cosas que me hicieron crecer de manera personal y profesional, y me hizo pensar en las metas que quiero alcanzar en un futuro.

Cuando asistía a la universidad para tomar mis clases siempre oía a mis compañeros quejándose de sus prácticas profesionales, cometarios como no hago nada, solo uso Excel, todos son odiosos o sólo estoy contestando mensajes, eran muy comunes. Me ponía muy feliz saber que en Flanco Izquierdo me valoraban a mi y a mi trabajo, que hacía cosas nuevas y que me gustaba, que aprendía a hacer cosas que según yo ya sabía hacer y sobre todo que las personas de ahí eran una en un millón. La verdad me sentí parte de una familia.
Al final, mis prácticas fueron una gran experiencia, una que no cambiaría por nada. Y eso me hace pensar, ser adulto es difícil pero muy divertido. Todo lo que acabo de contar fueron decisiones que tomé y los resultados de ellas. Nunca imaginé estar aquí, nunca imaginé que mis decisiones me traerían a este momento en el futuro y no imagino dónde voy a estar en un par de años, eso es lo divertido de esto. Me gustaría cerrar diciendo que sólo soy un niño de 22 años que es considerado adulto por la edad, me falta mucho por vivir y madurar. Así que si crees que es ridículo que alguien con 22 años diga que ser adulto es difícil, probablemente tengas razón, pero estoy seguro de que piensas lo mismo.

Jorge Valencia

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